miércoles, 4 de marzo de 2009

SE COSECHA LO QUE SE SIEMBRA

Un día un muchacho pobre que vendía mercancía de puerta en puerta para pagar su escuela, encontró que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos y tenía hambre.

Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven parecía hambriento así que le trajo un gran vaso de leche. El lo bebió despacio y entonces le preguntó: ¿Cuánto le debo? No me debes nada contesto ella. Mi madre siempre nos ha enseñado a nunca aceptar dinero por una caridad. El dijo, entonces te lo agradezco de todo corazón.

Cuando el muchacho se fue de la casa, no solo se sintió físicamente mas fuerte, si no que su fe en Dios y en los hombres era mas fuerte. El había estado listo a rendirse y dejar todo.

Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron especialistas para estudiar su rara enfermedad.

Se llamó a Dr. Howard Kelly para consultarle. Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino, una extraña luz llenó sus ojos. Inmediatamente del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció enseguida, regresó al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor para salvar su vida.

Desde ese día prestó atención especial al caso. Después de una larga lucha ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. El la revisó y entonces escribió algo en el borde y le envió la factura al cuarto de la paciente.

Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida para pagar todos los gastos. Finalmente la abrió y algo llamó su atención en el borde de la factura. Leyó estas palabras: pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche. Att. Dr. Howard Kelly.

Lagrimas de alegría inundaron sus ojos y su feliz corazón oró así: Gracias Dios porque tu amor se ha manifestado en las manos y los corazones humanos.

Ahora tienes dos opciones. Puedes compartir este mensaje positivo con tu familia y amigos o lo puedes ignorar y decir que nunca tocó tu corazón.

Y recuerda que lo que siembras eso mismo cosechas.

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