sábado, 10 de julio de 2010

LA TRAGEDIA HAITIANA

Seis meses después del terremoto del 12 de enero, cerca de un millón de afectados/desplazados reubicados en campamentos provisionales están muy mal.

Los informes que llegan desde Haití son preocupantes.

Seis meses después, viviendo bajo un toldo en material plástico, sin ingresos, porque no hay empleos, la precariedad inicial se ha convertido en tragedia.

Sin energía eléctrica, en las noches, las niñas, adolescentes y mujeres son víctimas de violaciones; cuando llueve, el terreno se convierte en un auténtico lodazal.

El espíritu emprendedor de los y las haitianas intenta reencontrar “la normalidad” con pequeñitos negocios. La normalidad de la extrema pobreza.

Cuesta creer que el gobierno haitiano no haya sido capaz de adquirir terrenos sobre los cuales construir nuevos y adecuados asentamientos humanos.

Cuesta creer que de la ayuda internacional prometida, sólo un 2% ha sido entregado a las autoridades haitianas. Muchos y bellos discursos. Pero, contante y sonante, nada.

Los voluntarios de ONGs e iglesias siguen allí entregando su solidaridad, haciendo “de tripas corazón”.

Pero están agotados y cansados. Se necesitan nuevas fuerzas. Fresco aliento.

Exijamos responsabilidad a los gobiernos y organismos que pueden ayudar. La tragedia haitiana se agrava inculpando a aquellos gobiernos –que no es el caso dominicano- muy diligentes en rescatar con cientos de millones de dólares a unos pocos e influyentes banqueros, pero indiferentes y lentos en ir en auxilio de cientos de miles de seres humanos en necesidad.

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